Teléfono: 901 009 525

En ámbitos delicados como el de la salud, las redes sociales son con frecuencia motivo de gran polémica pues pueden ejercer como propagadoras de falsas alertas sanitarias. Todos conocemos casos de informaciones que incendian la red sobre posibles efectos secundarios muy peligrosos de medicinas o sobre la propagación de enfermedades infecciosas que resultan ser completamente falsas (tan de actualidad con el coronavirus) y que llegan a desatar auténtico pánico en determinados sectores de la población. Estas informaciones son aún más delicadas cuando implican a niños o medicamentos infantiles.

Ante las falsas alertas sanitarias y la difusión de bulos en redes sociales no basta con pedir responsabilidad a particulares. Con frecuencia, las personas individuales que dan pábulo a estos rumores y los transmiten no tienen ningún conocimiento médico o buscan una hueca notoriedad.

Hace falta que administraciones sanitarias, profesionales de la comunicación en salud e instituciones privadas proporcionen formación a la población general sobre el uso responsable de las redes sociales.  Estos ciudadanos deben entender que, en una alerta sanitaria o de otro tipo deben buscar información en fuentes reconocidas y no en particulares sin ningún conocimiento. También es necesario que influencers del sector sanitario y las instituciones más relevantes en redes sociales adopten un papel más activo en la lucha contra esta clase de bulos e informaciones dañinas.

No criminalizar las redes

Las redes sociales tienen un gran potencial de comunicación y son herramientas que han transformado la comunicación en nuestra sociedad. Las redes no son malas ni buenas per se, todo depende del uso que hagamos de ellas.

La solución no ha de pasar por restringir el uso de los social media o castigar de forma más severa a los infractores sino por proporcionar a los ciudadanos los conocimientos y herramientas para reconocer fuentes de información fiables y saber realizar un uso responsable de las redes sociales.